
Sin darnos cuenta en el cerebro se despierta la necesidad por ciertos tipos de alimentos para crear neurotransmisores que influyen en nuestro comportamiento y estado emocional. Es así cómo alimentamos más bien una emoción antes que a nuestro cuerpo porque se hace de manera inconsciente haciéndonos permanecer en la misma. Lo peor de todo es que cuando se deja de observar la raíz que impulsa a optar por esos tipos de comidas conduce a un deterioro de la salud que trae como consecuencia enfermedades que son las principales razones de mortalidad: obesidad, hipertensión y diabetes. Además, tanto la alimentación deficiente en conjunto a malos hábitos diarios y el estrés son los detonadores de cualquier tipo de cáncer en el organismo.
Lo que escogemos en cada una de nuestras comidas habla de cómo nos sentimos emocionalmente y lo que pueden ocasionar en nuestro cuerpo.
Los neurotransmisores son compuestos químicos que transmiten informaciones de una neurona a otra siendo los responsables de regular y mantener en equilibrio las emociones. Las neuronas forman redes por las cuales viajan los impulsos nerviosos que provocan una acción; estos son esenciales para la transmisión de las señales. Estas señales se mueven desde el sistema nervioso central (SNC) a través de las neuronas eferentes (impulsos nerviosos fuera del SNC que crean un estímulo y/o movimiento) y también hacia el SNC a través las neuronas aferentes (impulsos nerviosos generados por un estímulo o respuesta del sistema sensorial que van hacia el SNC), a fin de coordinar los músculos, las secreciones corporales y las funciones vitales del organismo. Por tal motivo, se mantiene una constante respuesta entre lo que nos damos, procesamos, convertimos y respondemos, creando un ciclo permanente que nos condiciona, siendo y estando como somos.

Dopamina, serotonina, oxitocina, acetilcolina, adrenalina y ácido gamma-aminobutírico, son algunos de los neurotransmisores que intervienen en el estado anímico, el apetito, el sueño, la energía, la ansiedad, … al igual que en el metabolismo.
Por consiguiente, la relación directa entre las emociones y la alimentación nos dice que:
Las emociones de temor, miedo, incapacidad y prefiriendo la soledad crean: pérdida del apetito, baja ingesta de alimentos, preferencias por alimentos procesados, altos en azúcar y alcohol.
Las emociones que causan falta de atención, indecisión, distracción y fluctuaciones emocionales o bipolaridad promueven: ansiedad, apetito insaciable, favoritismos por alimentos blandos y lentitud al comer.
Emociones de vergüenza, pereza y ansiedad excesiva causan: predilecciones por las frituras, chocolate y todo aquellos que sirvan para ‘picar’ como las nueces saladas, o dulces en presentación pequeña.
Emociones de rigidez, testarudez, impaciencia y desconfianza provocan: preferir comidas muy condimentadas, procesadas, rápidas y altas en sal.
Emociones de desdicha, autosuficiencia y exigencia incitan: preferencias por los alimentos salados, crujientes, hasta picantes, con altas y bajas en las porciones.
¿Te resuena una o algunas de estas relaciones?

Permítete trabajar en aquello que te afecta para que puedas superar tu situación y cortar esa raíz que te limita a disfrutar de un mejor estado de salud físico y emocional.

Virfa Fernández
Coach – Nutricionista – Chef – Ponente – Emprendedora – Atleta – Escritora – Artista
Tengo más de una década ayudando a las personas a transformar sus vidas exitosamente a través de un Fitness Inteligente y una Nutrición Consciente. Mi propósito es ayudarte a ti a lograr ese cambio en tu estilo de vida para que obtengas los resultados que deseas y vivas mejor. Aquí aprenderás claramente consejos, herramientas y lecciones basadas en la ciencia que harán más fácil tu camino hacia tus objetivos.




